Umbral, «vivir para escribir»

Texto: Alberto Martín, Fotografía: J. de Miguel

Explica el profesor complutense José Ignacio Díez que, quince años después de su muerte, existe un Francisco Umbral conocido y otro bastante desconocido. El conocido es el personaje, aquel hombre de voz grave, gran altura, bufandas rojas, y que no rehuía las polémicas. El menos conocido es el escritor, el autor de 114 libros y más de 70.000 artículos y columnas periodísticas. Díez reivindica dar valor al escritor “de primera categoría” que es Francisco Umbral, clave en la literatura española de la segunda mitad del siglo XX, poseedor de un estilo propio personalísimo, pero sin rehuir de la persona. Y es que, como señala, Ángel Antonio Herrera, uno de los participantes en las dos jornadas que han dedicado los Cursos de Verano al escritor vallisoletano, una frase resume a la perfección a Umbral: “Vivir para escribir”.

 

Las jornadas -tituladas “Francisco Umbral: fragmentos de una vida”– han reunido a expertos académicos, como el propio José Ignacio Díez, profesor de la Facultad de Filología; el ex presidente de la RAE Darío Villanueva o a Benedicte de Buron-Brun, profesora de la Universidad de Pau y de Pays de l’Adou; periodistas, como el redactor jefe de El Mundo, Manuel Llorente, y a amigos como el poeta Ángel Antonio Herrera o el cantante Ramoncín. Entre todos han indagado en las características únicas del Umbral escritor y han recordado a Paco, una persona también única e inolvidable. Sentada en la primera fila del aula, sin perderse una sola de las intervenciones, asintiendo, sonriendo, aportando y aprendiendo, ha estado su pareja de toda la vida, María España, España, como todos la llaman.

 

Reclama la profesora francesa Benedicte de Buron-Brun, quizá una de las mayores expertas en Umbral –“aprendí español leyendo sus obras hace 50 años y ya nunca lo he dejado de leer”-, que en los círculos literarios y académicos se dé más peso a la obra de Umbral del que se le ha dado hasta ahora. “Leer a Umbral es sentir fuegos artificiales; cada palabra te remite a otras muchas”. Darío Villanueva, catedrático de la Universidad de Santiago y ex presidente de la RAE, reivindica al Umbral narrador de historias y constructor de personajes, y lo sitúa en la génesis de la autoficción, un escritor sin género pero que los englobaba todos. Ángel Antonio Herrera se queda con sus inigualables metáforas, versos en prosa que cortaban la respiración.

 

De sus 114 libros, el más conocido y también valorado por la crítica es, sin duda, Mortal y rosa. No obstante, hay otros títulos que merecen estar a su misma altura. El profesor Díez se queda con La leyenda del César visionario, pero sin desmerecer a Cirugía de Madrid o “La noche que llegué al Café Gijón. Resulta curioso que ninguna de sus obras se haya adaptado al cine, pero como apunta Darío Villanueva, sus obras estaban tan intensamente vinculadas a la prosa que las hacen complejas de encajar en el guion cinematográfico, que como recuerda el ex director de la RAE, en el fondo no deja de ser otro género literario, “la prefiguración verbal de lo visual”. Y aunque la profesora De Buron-Brun enumera traducciones de algunos de los libros  de Umbral al francés, italiano, portugués, sueco, holandés, japonés y chino, lo cierto es que tampoco se han prodigado sus traducciones. El uso constante de la metáfora o de referentes muy localizados en la España de su tiempo, hacen que las obras de Umbral no sean fáciles de llevar con toda su intensidad a otros idiomas.

 

Una de las grandes características del Umbral escritor, que se pone de manifiesto en sus libros, y, sobre todo, en sus columnas periodísticas, es su necesidad de contar lo vivido, “lo que no significa que fuera lo mismo que vivíamos los demás”, señala Ramoncín. Y es que, el rey del pollo frito, como le presentó Benedicte de Buron-Brun, fue uno de los grandes amigos de Umbral. Se conocieron tras convertirse el cantante en protagonista de una de las columnas del escritor en El País, en la que elogiaba las letras de los temas de su disco, en especial de “Marica de terciopelo”: “Animal de ojos caídos/hombre de pelo negro/mentiroso, suicida y homicida/Naciste en la ciudad/Marica de terciopelo”.

 

Ramoncín fue para Umbral su salvoconducto por el Madrid de la Movida, su contacto con la jerga de la calle -Ramoncín años después publicó  el diccionario de jerga El tocho cheli, con gran éxito-, con los personajes que habitaban en ella, con el lado “más canalla”: los quinquis y los yonkis. Décadas después, el cantante sigue sorprendiéndose por cómo Paco era capaz de convertir aquellas noches intensas en brillantes artículos. “Tenía un click, algo que le hacía ver lo que los demás no veíamos o veíamos de otra forma”. Para Ángel Antonio Herrera, ese atreverse a vivir mundos diferentes al suyo con el único propósito de escribir sobre ellos, distingue a Umbral del resto de escritores. Para Buron-Brun, esa, entre otras razones, le convierten en “figura imprescindible para profundizar en la historia de España del siglo XX”.

 

Ramoncín recuerda noches con su amigo Paco –“Uno es amigo de otro cuando sabes cosas de él que no pueden contar, y yo sé muchas de él”- recorriendo mercados, tabernas, fiestas… Incluso la que pasaron en la Embajada de Estados Unidos en Madrid cuando Ronald Reagan fue elegido presidente. “Terminó  su columna diciendo: Allí me llevó  Ramoncín: ángel de cuero, perfil de navaja. Nadie me ha descrito mejor”. Poco después, Ramoncín publicó  un disco titulado “Ángel de cuero”. Recuerda también el último día que se vieron. Fueron juntos a un programa de radio, “Caliente y frío”, y al salir, Ramoncín quiso pedir un taxi para Umbral. Este, al ver que trataba de parar el taxi en el mismo sentido de la marcha, le espetó  que jamás se debía parar un taxi así, “siempre se pide de frente”, y pese a tener que cruzar la calle y coger el taxi en dirección contraria a la que iba, así lo hizo. “Le vi alejarse en el taxi hasta que se convirtió  en aquella estrella que no ha dejado de brillar”, concluyó emocionado.

 

Anatomía de un dandy

Texto: Ángel Aranda

Las jornadas sobre Umbral concluyeron con la proyección en el aula magna del RCU María Crisitina, formando parte de la programación de actividades culturales de los Cursos, del documental Anatomía de un dandy.

 

“Umbral sería hoy trending topic cada día con sus columnas”, afirma Alberto Ortega, codirector junto con Charlie Arnáiz del documental, toda una retrospectiva sobre la obra y la figura del escritor y periodista. “En la actualidad Umbral sería también un personaje cancelado, que habría preferido morderse la lengua antes de renunciar a sus principios”, señala Ortega, durante el coloquio previo a la proyección de la película, moderado por el profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y periodista, David Felipe Arranz.

 

Arranz anticipa que la película desclasifica unas cintas en las que Francisco Umbral habla con su hijo Pincho, fallecido a la edad de 6 años al no poder superar una grave enfermedad, por lo que la obra está impregnada de una gran emotividad. “Cuando les pongo esta película a mis alumnos se quedan ojipláticos, y a mí me cuesta verla sin que se me humedezcan los ojos”, comenta.

 

“Lo de las cintas es el gran tesoro de la película”, asegura Alberto Ortega, quien asegura que aparecieron “de repente” en la casa de la esposa de Umbral, María España. “Escuchamos la voz de un niño –Pincho- que llamaba a su padre por su pseudónimo. Es el documento en el que descubrimos al auténtico Francisco Umbral”, asegura el codirector del filme.

 

En esta misma línea, David Felipe Arranz añade que fue a partir de la “obra cumbre” de Umbral, Mortal y rosa, el libro en el que el escritor evoca la muerte de su hijo, cuando se oscurece la obra del autor y cuando aparecen “las máscaras de Umbral”.  “Él sabía perfectamente lo que era construirse un personaje, que utilizaba para escribir sus artículos o sus entrevistas en televisión”, afirma Charlie Arnáiz, que se lamenta del, a su juicio, poco reconocimiento de su trayectoria: “Es un personaje enigmático, que debería ser más aprovechado, por ejemplo, para la ficción”.

 

Durante el proceso de investigación y documentación previo al rodaje de la película, los autores fueron descubriendo los entresijos del escritor, del que descubrieron diversas versiones que utilizaba según se desenvolviera en un terreno público o más íntimo. “Hay muchos Umbrales –explica Charlie Arnáiz- y nos parecía importante ver esa línea en que se producía un antes y un después”, tras la muerte de su hijo.

 

En cuanto al mundo con el que se toparon los autores al indagar en la figura del autor, Alberto Ortega señala que “cuando navegas en esa España de los años 80 y 90, se respira un aire de libertad que ahora es posible que se haya perdido”. Por su parte, Charlie Arnáiz apunta en este sentido que ahora el periodismo es diferente, al igual que los hábitos de consumo, por lo que ahora algunas de sus declaraciones en televisión serían censuradas.  “Umbral es un genio que ha tenido este país, que hizo la foto de una España que ya no existe”, remarca.



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