Tres jornadas para enseñar a vivir del arte

Texto: Alberto Martín
Fotografía: Jesús de Miguel

 

 

– ¿Vivir del arte ahora es más complicado que antes?

– Margarita González (M.G.): En realidad, yo creo que no. Lo que es necesario es conocer el contexto en el que se va a desarrollar profesionalmente una carrera para evitar situaciones de precariedad o de fragilidad que serían subsanables con una mejor información sobre cómo se articulan los agentes de la esfera del arte. Y eso es lo que pretende en realidad este curso.

 

– ¿De qué agentes estamos hablando?

– M.G: Por ejemplo, los roles de las instituciones públicas y privadas, los coleccionistas, los comisarios, los gestores culturales… Todos los agentes que forman parte de este mundo, en el que cada uno cumple un papel y una función muy específica que facilita la visibilidad del talento artístico emergente español.

– Elena Blanch (E.B.): Antiguamente estaba el mecenas, estaba el artista y quizá la sociedad lo entendía mejor. Hoy hay muchísimas formas y lugares donde uno se puede expresar, muchísimas otras figuras que han aparecido en el panorama artístico como los que ha mencionado Margarita, los comisarios, los galeristas… Un montón de agentes más, que para un estudiante o un artista que quiera profesionalizarse, pensamos que es muy importante conocerlos. Lo bonito del curso es que está enfocado para los artistas, para las necesidades que hemos detectado que tienen los artistas.

 

– ¿Funciona bien el ecosistema del arte en España?

– M.G.: Está claro que la visibilidad del arte español es más limitada de la que debería ser por la calidad y la capacidad de los artistas españoles y de las estructuras de gestión del arte españolas. Este curso lo que trata es, primero, de ponerle nombre a todos esos agentes, y segundo de encontrar cómo se articulan esas relaciones para favorecer un trabajo mucho más colaborativo y mucho más profesionalizado para todos ellos.

 

-¿Por qué hay esa poca visibilidad?

– E.B.: Hay muchos agentes que influyen. Por un lado, es verdad lo poco que están acostumbrados que están los artistas a trabajar conjuntamente y unirse. Es una profesión demasiado individualista en cierta manera. Eso tampoco favorece. Luego, en España todavía falta más apoyo, yo pienso, al arte español en sí, a los artistas españoles. Quizá nos deslumbramos mucho con artistas de fuera y se le da poco valor al artista de aquí. Y tenemos artistas muy buenos.

– M.G.: Muy buenos. Y quizá falta sobre todo una naturalidad a la hora de vivir con el arte contemporáneo desde siempre en escenarios que vayan más allá de la propia exposición de arte contemporáneo puntual. Desde la convivencia con artistas de arte contemporáneo desde los primeros estadios de formación de los niños, que es sorprendente que no se normalice el que aprendan a ser espectadores del arte de su propio tiempo, lo que en realidad es una anomalía. Hasta el incorporar artistas en otros equipos interdisciplinares de trabajo, porque sabemos que la visión del artista contribuye a esa mirada oblicua que muchas veces favorece avances en otros campos, como la ciencia, la filosofía, etc, etc. Y para conseguir esa naturalidad es necesario fortalecer las estructuras de visibilidad del arte español.

– E.B.: Además, los artistas están poco acostumbrados a trabajar con los otros agentes; debe haber mucha mayor colaboración. También deben apoyarse más entre los propios artistas para ser más conocidos. Este es un mundo difícil, y vivir únicamente de la creación del arte es una carrera de corredores de fondo y cuesta mucho.

– M.G.: Y conseguir que, de repente, haya un reconocimiento, una legitimación de la importancia del arte contemporáneo mucho mayor, menos puntual, con proyectos establecidos a medio y largo plazo, con políticas culturales y educacionales que asimilen la importancia que tiene, lo pongan en valor, lo prestigien todavía mucho más y favorezcan que se permee en otras áreas que se van a beneficiar de esa riqueza.

 

Con la voz de los agentes externos y también de los artistas

El curso -que ha cubierto todas sus plazas y está siendo muy participativo, como destacan sus directoras-, se ha planteado en tres sesiones, en las que en cada una de ellas, explica la profesora González, “se aborda una situación poco clara o que necesita, a lo mejor una mejor definición. La primera sesión la hemos dedicado a los agentes que forman parte de la esfera del arte; la segunda sesión, a la propiedad intelectual y las opciones de internacionalización con ayudas estatales, y la tercera sesión está dedicada a los eventos de mercado más relacionados con la monetización del arte. Desde el principio hemos planteado que el curso fuera un crisol muy poliédrico de muchos agentes -de hecho, tenemos trece ponentes-, que fueran figuras de reconocido prestigio en cada uno de sus campos, y que entre todos ellos articularan una conversación que favoreciera la comprensión de la importancia de todos estos papeles agrupados en esos tres grandes temas. Son personas que habitualmente no suelen estar en los foros universitarios y que realmente tienen el testimonio que consideramos más relevante, de primera mano, adecuado, y formativo, para los inscritos en el curso».

También es importante, como añade Elena Blanch, que en todas las mesas redondas haya un artista. «No solo están hablando todos los agentes exteriores que inciden en el mundo del arte y afectan a todos los artistas, sino que también queremos que se oiga la voz de los propios artistas: cómo han podido llegar hasta ahí, qué problemas han tenido… Hay que poner en valor la voz del propio artista y cómo lo están vivenciando, y ellos además pueden dar consejos a otros artistas desde una visión más cercana, que a lo mejor un agente externo».

 



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